Desde hace más de una década esta divisa se ha convertido en una de las más importantes del festejo popular vendiendo la flor y nata de su camada a las calles, con la C.Valenciana como gran escaparate, y es de agradecer porque el Bou al Carrer ha experimentado un salto cualitativo inmenso gracias a ganaderos como el que nos ocupa cuyos toros han propiciado tardes para el recuerdo de los aficionados y siempre, alguno de ellos, se cuela en las quinielas de los mejores de la temporada. La mejor prueba de que nos encontramos ante un ganadero figura es que a los Gerardos ya se les espera, se les mide y se les exige la excelencia como en muchas ocasiones han demostrado, esclavos del éxito como decía El Juli. Una nueva temporada empieza a recobrar vida renovando las ilusiones de una preciosa camada que aspira a refrendar la gran regularidad de la que siempre hicieron gala estos toros.
La paz que se respiraba en el patio del cortijo era interrumpida por la presencia de nuestro contertulio, indicaciones, llamadas, apremiaban los imprevistos del campo, no había tiempo que perder. Vámonos. "Mi padre tenía lo del Marqués de Domecq, aquello era un toro grande, voluminoso, tenía mucha clase pero salía demasiado noblote, de esto sacó un 13 "Taconero" que dejó mucho, después compró a Luis Algarra que como sabes acababa de comprar una de las cuatro partes en las que se dividió la vacada madre de Juan Pedro Domecq Díez, fueron Jandilla, Juan Pedro, Diego Puerta... Y Algarra!". Pero a raíz de una corrida muy enrazada de Los Guateles que un joven Gerardo presenció en la Maestranza de Sevilla en 1993 se daría cuenta de que precisamente eso es lo que les faltaba, y convenció a su padre para acudir a comprar simiente.
"Los Guateles viene de Fonseca que fue el primer hierro que introdujo lo de Domecq, pero del antiguo, en el campo charro, luego aquello se vendió y fueron Baltasar Ibán y Antonio Arribas los que se quedaron con casi todo, también surgió lo de Aldeanueva pero eso es ya otra historia". Precisamente Baltasar ya poseía una ganadería de encaste Contreras y al parecer, se cuenta, que cruzaron ambas sangres. "Al fallecer Baltasar Ibán, este dejó parte de su herencia a los jesuitas, en aquella época había gente que lo hacía, y precisamente cayeron en manos de estos la ganadería de Los Guateles con su mítica finca de Botoa. Cuando nos decidimos a comprar tratamos con el administrador, se llamaba Fernando González Rull, y sobre todo con su mayoral, Antonio Carnerero, que fue el alma máter y quién de verdad sabía de esto".
Adentrándonos en los cercados comprobábamos de primera mano la categoría de camada para el presente año, unos 40 toros, bajos, armoniosos, bonitos, con las caras perfectamente colocadas y con esos pelos tan característicos, bragados, burracos, incluso algún ensabanado. Preciosidad de animal. Gerardo también ha roto con la barrera del tópico del toro grande que tanto gustaba en las calles, y es que este animal tan proporcionado que cría también tiene mucha belleza y es el que embiste en mayor proporción. "Hay gatos de campo y hay linces, y estos son linces".
"Aquellos primeros sementales que trajimos de Los Guateles ligaron muy bien, 31 Sorpresa y sobre todo el 104 Desgreñado, mi padre a este no lo quería, decía que le faltaba cara, tenía razón, pero ganamos en bravura y en calidad. Luego fue el Litri quién compró la ganadería, y ya en sus manos compramos algún semental, como el 7 Ruiseñor, nos dejó escoger 30 vacas, pero de las buenas eh, yo iba a todos los tentaderos. Muchas de ellas venían del 18 Guardián, este fue el que verdaderamente dio el boom a Guateles, un auténtico crack. Luego todo lo mezclamos aquí, y muchos años después esto es lo que tenemos, hay mucha gente que me pregunta si el toro aquel es más Algarra o Guateles, y no, no, yo siempre digo lo mismo, esto ya es Gerardo Ortega".
La conversación fluía y Gerardo se lanzaba a contar sus vivencias de cuatro décadas ligado al mundo del toro, no pude evitar preguntarle por aquellas corridas en su querida Sevilla, la encerrona de Salvador Cortés, la faena de Manuel Punta, o por aquellos personajes únicos, bohemios y enigmáticos con los que compartió y aprendió tanto como por ejemplo Antonio Corbacho que fue el mentor de José Tomás y luego de Talavante ahí es nada, precisamente, me consta, que muchos de los sementales importantes de esta casa fueron aprobados en su día por el astro de Galapagar. Tiempos de gloria. "Ahora ya, después de todo, no creo que vuelva a torear".
Para cada tema Gerardo tenía una frase sentenciadora, con su particular guasa y con el nervio de abarcarlo todo en todo momento ¿Se parecerán los toros a su ganadero? Se dice que en corrales se vuelven un poco locos, quién sabe. Antes de despedirnos se nos aparecía un hecho reciente muy significativo, Andrés Roca Rey acababa de publicar una foto en su Instagram tentando precisamente aquí en la placita de Gerardo Ortega. "Así es, estuvo aquí el otro día, le metimos varias vacas, fue un día magnífico". Roca Rey, el que es desde hace años la máxima figura del toreo, y quién ha marcado una época con su concepto rebelde, vivo, intenso, arriesgado, haciendo suyo en más de una ocasión del gesto rockero en la mano del "RocknRolla" en sintonía con las emociones que transmite en la plaza, precisamente la otra de las pasiones de Gerardo, el Rock. ¿Embestirán también sus toros bajo los acordes de la guitarra eléctrica y de la batería? ¿Y si nos imaginamos que fuese bajo las telas de otro rockero como Roca? Suena bien, muy bien. Quién sabe. Quizá estemos delante del comienzo de una nueva era...






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